“You’re your favourite stranger
And we all like to watch
So shimmy once and do it again
Bring your sister
Bring your sister if you can’t handle it
She says control it
Then she says don’t control it
Then she says you’re controlling
The way she makes you crawl…”
She´s your cocaine. Tori Amos
“Yo no bebo nunca. Soy pura, buena gente, buena gente. Soy la hostia de buena. Atravesé el infierno para traerte mi amor…” Le escribió Sarah a Román… Pero inmediatamente después lo borró.
Sarah se sienta con las piernas cruzadas en el suelo del balcón soleado a desayunar y se mira los muslos blanquitos. Shorts naranjas y un moño de cualquier manera. No tienes edad para colocarte estos auriculares con orejeras de animal de peluche. Pero la moda es infantilizarlo todo.
Piensa en Gustavo, el dueño del garito de la otra noche. El más viejo de todos. El único que no parece haber caído en la ola de infantilización que nos invade. Tío majo, va de duro pero le encantó cómo se pasaba la mano por el pelo.
Repasa la noche anterior. Vaya cacao mental.
Un poquito tímido con ellas, sobre todo con la rubia. Y es que la rubia parecía una modelo, arrasaba por donde iba. La pena- ¡la tragedia!- es que Leslie no se daba cuenta de la impresión que producía en los demás, especialmente en los hombres. No sabía aprovechar todo el potencial que tenía. Unas cuantas sesiones de fotos y las cuelgas a todas horas por Instagram y las marcas se pelearán por tu imagen.
Pero Leslie se ríe, se aferra al cuello de la cerveza y no lo suelta. Como a un clavo ardiendo. “Nononono what? You´re kidding me. I´m not that vain!”
-¡Qué dices! ¿No? Te ganarías muy bien la vida.
Leslie dice que no con la cabeza, después de dar un sorbo largo de cerveza, llena de espuma, ansiosa.
-You´re so cute, so lovable, Sarah.
No le hace falta ganar más dinero. En realidad le sobra. Pero Sarah no lo entiende. ¡A quién no le hace falta ganar más! ¡Y disfrutar de su propia belleza!
Y Gustavo, a todo esto, escondiéndose tras la barra, observando de lejos. Y se anima y se sienta con ellas, como una polilla atraído por la luz, porque Leslie es el sol de la mañana en un día de primavera con flotes en el pelo y trenzas deshilachadas en las puntas. Sarah toma notas mentalmente para luego dibujarlo todo cuando vuelva a la habitación en casa de su tía.
“Leslie Bourbon” será una historia de amor del estilo de la Nouvelle Vague francesa, muy hippie, con unos personajes muy pasados de LSD, pero a la vez terriblemente poética y muy cultureta. Un relato lleno de referencias literarias y filosóficas. Pues claro, qué te pensabas. No sabes quién soy yo. ¡Y cómo es Sean! La antítesis a este darle vueltas y tratar de encajarlo todo en una estética y explicarlo todo bien. Excusas, excusas. Odia darse tantas explicaciones a sí misma. En cambio Sean era impulsivo, la frescura absoluta; está segura de que le dará el toque punk que necesita, será muy indie.
Ah, Sarah se entusiasma, eufórica. El pelo de Leslie será un brochazo blanco y sus ojos una pincelada de tinta china. Y hará salpicaduras, action painting total. ¡Puro rocanrol!
Se moría por comentar estas ideas con Sean.
En ese antro Leslie y Gustavo se comunican a voces, como si el problema con el lenguaje fuera la sordera de ambos. Y toda orgullosa ve cómo Leslie se empieza a soltarse en la conversación con sus expresiones ininteligibles en español y fuera de contexto, ¡tan super cute! Gustavo alza las cejas como un gato satisfecho después de comerse un arroz con leche. ¡Contárselo a Sean también!
Los habitués miran. Beben. Observan pasivos desde sus banquetas. En realidad los tres son la atracción del local. Estas mujeres con sus risas cristalinas brillan como luciérnagas.
-Oh REALLY! I ADORE YOU, DARLING! This one´s on me!
Otra ronda.
El tacaño no las invita ni a una ración de jamón, unas patatas, o algo. Esto no es España. ¿Están mal vistas las tapas? O un pincho de tortilla:
-Oh my god! You have to try it, la tortilla de patatas! ¿A que Rocío no te ha hecho una?
-What! No!
Sarah mira a Gustavo. Date por aludido, chaval. Invítanos a algo, suéltate un poco. Ya sé que vas de malote, piensa, estrella de rock trasnochada. Sé que estás en este antro por estar, regodeándote en tu fracaso, estrella maldita. Tuviste que abrir este tugurio porque el cuerpo tiene unas necesidades y hay que comer y yo le doy a mis parroquianos lo que quieren, alcohol, y eso es lo que quieren y nada más, y al fin y al cabo del arte no se vive y a la gente le importa una mierda la buena música, sólo reguetón mierda mainstream con letras de puteros, y eso es lo que hay y me he rendido: Me debo a mi publico. ¿Y el arte qué? Puf. Gone! …
Sarah pensaba muchas cosas, pero sonreía educada. Y cada vez más bebida.
Gustavo se pasó los dedos por el pelo largo y se lo recogió detrás de las orejas para explicarles algo sobre lo que se comía en esas tierras. Con su voz ronca profunda. Husky, sexy voice. ¿Cómo sonaría este hombre cantando en una banda? Pensó en cotillearle por YouTube. Spotify. Donde fuera. Se moría de curiosidad. Imagínate poner la banda sonora a su “Leslie Bourbon” con esa voz.
Gustavo le preguntó algo a la rubia en un inglés que parecía italiano, remarcando las sílabas que caían pesadas como ladrishos. Y Leslie no entendió. Sarah tradujo palabra por palabra sin apartar la vista de los labios de Gustavo, el chaleco, el pantalón vaquero. La pulsera.
La pulserita en la muñeca le recordó al talismán contra los mordiscos de bruja de Román y eso le provocó un escalofrío. De hecho le cambió el humor.
El mundo dio un vuelco y se desplomó a sus pies.
Mal.
Sintió miedo. Como si se hubiese nublado, y soplara un aire helado, como aire acondicionado en mal estado. Ahora todo estaba revuelto, sucio, malo, malo, una cosa fea, pesada.
Una ola negra y fría como el petróleo presionó en sus pulmones.
Apagó el cigarro. Le temblaban las manos. Apagó, aplastó la colilla, se quemó, se aplastó los dedos para no sentir el dolor, pisoteó la colilla, insistió, apagó el fuego, la hundió, hizo una pelota con los dedos, como si pellizcara un chicle.
Se disculpó y preguntó dónde estaban los lavabos. Una vez dentro miró el móvil, pero no había mensajes de Román. Claro, le había vuelto a bloquear por la mañana. Buscó en el bolso y se tomó un diazepam de emergencia. Se lo puso bajo la lengua y esperó unos minutos con los ojos cerrados. Ya está, no pasa nada, no pasa nada, no pasa nada.
Volvió a la mesa, andando muy deprisa, se tropezó, dio un trago a la cerveza del vaso de Gustavo.
Uno de los parroquianos se había acercado andando con dificultad, bastante pasado ya. Where do you live? (where do shu live). Gustavo lo espantó agitando los brazos, como a un pajarraco. “Andate y no molestes a las señoritas”.
Y entonces saltó la anilla de la granada.
Sarah.
¡Cómo se atrevía a defenderlas, haciendo mansplaining! Ellas se bastaban y sobraban para defenderse solitas. Y se lo dijo, de mala manera. Todos eran iguales. Qué cojones te has creído, qué paternalista, qué asco. Por qué sois así. Qué asco. Gustavo se encendió. Cheee y ok, y qué bicho te ha picado, y más vocablos en argentino, la concha de su hermana, tan alto, erguido con la mano levantada, mostrando la pulsera. Sarah subió el tono, acalorada, respirando fuerte. Dio una coz y tiró el taburete, que cayó hacia atrás con un ruido metálico. Leslie le dijo que se calmara, ok ok, que todo ok, my darling, what´s wrong? Gustavo, tranquila, que Excuse me Miss. Sarah tenía la mirada clavada en sus manos. Take it easy, calm down. Manos enormes de muñecas anchas y duras como el granito.
Qué manos tan grandes, pensó, te pueden estrangular si quisieran. Y dio un paso atrás, llena de horror. El hijo de puta iba a ahogarla, había fingido amabilidad pero odiaba a las mujeres, mira qué fuerza tiene. Pero qué puta mierda es esto …, hay que salir de aquí ya, ya. Vamos, ¡corre! ¡Corre!
Los demás se acercaron, la banda del matón. Adónde cojones vas, puta zumbada. ¡Qué estás haciendo! Le invadió un terror absoluto, irracional, razonado. Mírale las manos, la cara. Los borrachos la rodearon, todos los tíos del bar. Estaba paralizada, y muy mareada y tenía ganas de vomitar. Oyó al pesado de antes pegado a su oreja, jadeaba algo sobre sus tetas, y qué lindas las gringas, como si no entendieran el español, y pudiera soltar burradas sin más. Sintió náuseas, una punzada en el estómago, se creyó morir, podía estar teniendo un ataque de hepatitis, o la habían envenenado.
La cara de Leslie se volvió borrosa. “Darling!” su voz sonaba como un zumbido, gesticulando con esa boquita. Sarah se desplomó y vomitó allí mismo a sus pies.
….
No estuvo mal descansar en un sofá en el despacho de Gustavo. Con Leslie y ese hombre mirándola, ofreciéndole un pañuelo, un vaso de agua, unas aspirinas, una tila.
-Are you ok, honey?
Gustavo respiró hondo tras comprobar que se encontraba mejor y se enjugó el sudor de la frente con el mismo pañuelo con que Sarah se limpió las babas.
-Estoy bien. Vámonos a casa. ¿Dónde está Rocío?

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Continuará.
Novela por entregas, relatos de café mano a mano con el gran Guillermo Fernández, escritor de guiones y blogs de viajes.
Esta historia es un relato de ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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Perfect art and writing collage of incidents and akward emotions. Fantastico
Gallega cachonda, argentino caliente, yanqui durmiendo la mona ¿qué podría salir mal? Jajaja gracias por tomarlos en tus manos este sábado soleado. Me urgía salir a pasear. Mañana te los paso a buscar por donde siempre🤗