¡Asturies, shegamos!
("No pisar los bares", literatura de viajes propiamente dicha)
Salieron desde Méndez Álvaro directas a Mieres. Las niñas, señoritas de 29 años sin oficio ni beneficio adictas a la adolescencia con su actitud de cabreo eterno. No, esa es Rocío la Rolinga, a la que el mundo le debe una explicación.
-Sweetheart. -Le pregunta Leslie- Shall we go down and eat on the platform? It´s too crowded in here. Let´s walk a little. Besides, I need to pee!
Compraron sandwiches en Rodilla, pasaron la pasta de queso con una cerveza. Hacía demasiado calor, y la estación apestaba a llantas y gasolina y gente aglomerada. A Rocío le molestaba la cercanía de los cuerpos, brazos de señoras que se le pegaban, le daban empujones en el metro. Odiaba que le tosieran en la cara. La ciudad estaba atestada de gente, y siempre demasiado cerca, hablando a voces. Niños, adolescentes en grupos que viajaban y hacían cola en el Burger, en el baño, niñatos por todas partes, lo dejaban siempre todo sucio.
“Qué asco la gente”, pensó. Por lo menos en Asturias iban a estar tranquilas, en plena naturaleza, en la montaña. Sólo trabajo y creatividad absoluta. Concentración y mindfulness y brainstorming y NO PISAR LOS BARES.
Énfasis en esto último, subrayado con fluorescente rosa pink en su diario.
Dormir 8 horas, tomar buenos alimentos, real fooding. Olvidarse de Ezequiel, el Matías, el Guido y los demás. Y Leslie tendría que poner de su parte. Tal vez descubría su verdadera vocación en este viaje. ¡Nada como cambiar de aires para renacer en una misma y atender a esa niña interior talentosa que grita por salir y no la dejás y la sofocás y la provocás…!!!
¿Pero qué mierda es esto? Lo tachó todo.
Metió el cuaderno en la mochila, que llevaba en brazos para sentirlo cerca de ella, como un bebé, con su pluma de diseño, una Lamy de color magenta, con cartuchos de tinta de todos los colores, regalo de Sarah. Todo estaba ready to bloom, preparado para un breakthrough. ¡La puta revelación!
Leslie se anudó un pañuelo en la cabeza muy hippie, o muy asturiano, pues también había estado haciendo sus averiguaciones. Las fotos que vio en internet de montañas y casas rurales y hórreos puntuando la carretera azul reptando hasta el cielo le pareció de lo más romántico. La boluda se sentía Heidi en su cabaña de los Alpes, con su pintalabios de color fresa y una nariz colorada por las burbujas de la cerveza y el aire hirviente del asfalto en Madrid. “Guiri total”, como diría Sarah. Tan pálidas las rubias que nunca consiguen un bronceado normal. Parecía un langostino, cociéndose lentamente.
A Rocío estas constataciones le harían gracia si no estuviera tan sofocada, comiendo sentadas en un escalón en la terminal, esperando que el bus abriera la puerta y las dejara dormir dentro con aire acondicionado. El olor a gasolina le estaba revolviendo el estómago y no estaba de humor.
Leslie era perfecta cocida y cruda. Y mientras tragaba la pasta de queso y tomate y la miraba, Leslie miraba a otra parte, al culo de ese chico que pasaba, a cualquiera.
“Qué puta que sos”, pensaba Rocío, que moría de amor.
A las dos horas de viaje el cielo se nubló y los paisajes amarillos resecos dieron paso a prados más o menos verdes, la planicie empezó a ondularse. Leslie tenía mala cara, ojerosa. Rocío sintió ansiedad. Abrió el cuaderno y escribió: “Mieres. Leslie dice Mires. Misses, Missus. Miel. Mieles. Meses.”
Bajaron a mear en la parada de un cuarto de hora. Subieron. Leslie se ocultaba bajo su pañuelo asturiano y gafas de sol como una famosa que no quiere ser reconocida. Tan rubia platina que parecía una modelo. Tan esbelta…
Le hizo una foto cuando dormía. Pero Leslie se despertó y dijo: “No, don´t do that. I hate it”. Y se dio la vuelta. No volvió a hablarla en lo que quedaba de trayecto.
Llegaron por fin a la estación de autobuses de Mieres. Un cielo nublado. No hacía demasiado calor. Las montañas se elevaban rodeando la estación y puntuadas por casas de piedra aquí y allá, la antigua localidad minera.
-Where is Sarah´s cabin?
-No es una cabaña, es una casa de pueblo. Vamos dando un paseo.
Arrastraron los trolleys carretera arriba, subiendo la curva del monte, pasando casas, el hórreo, la iglesia de Santa María Madgalena. Leslie jadeaba, agotada, en sus sandalias de plataforma.
-This is it!
-No, es más arriba.
Preguntó en un bar por La Rebollada, siguiendo las instrucciones de Sarah. Y continuaron el ascenso por la colina.

Sarah les dijo que la vecina les daba las llaves, que la esperaran dentro, que ella llegaba por la noche de Gijón. Preguntaron por la casa de la vecina. Llamaron aporreado la puerta casa por casa.
-¿Quién?
Dijeron los apellidos de Sarah.
-La casa de los Cepeda de toda la vida, ¿viste? ¿Sarah no le avisó de que shegábamos?
-Ahhhh, la niña del coronel. Sí, me dijo que ustedes eran argentinas, ya me parecía a mí por el acento…
Se metió dentro a buscar la llave.
La casa de veraneo de los padres de Sarah era una construcción de piedra como todas las demás. Tejado a dos aguas, con un porche con barandilla de madera y dos tumbonas extendidas en un trozo de pasto.
Sarah siempre iba y venía del pueblo en coche. Pero ellas ya habían hecho suficiente ejercicio por hoy, subiendo la carretera empinada tirando de dos maletas llenas de ropa y libros y botas de cowgirl, pues Leslie no quería que la mordieran las serpientes. (¡Pero qué coño de serpientes!)
Leslie se dejó caer en una de las sillas plegables en el jardincito. Rocío, dentro de la cocina, miró en la nevera buscando una cocacola.
-¡Leslie!- Llamó.- ¿Me ashudás?
-Sure, baby. I think I´m gonna take some nap before Sarah comes back. I´m so soooo tired you have no idea.
Se metió en una de la habitaciones, sin mirar, y cerró la puerta tras de sí.
Rocío se quedó a oscuras de pie en la cocina. Agarrada al asa de su maleta, no sabía dónde meterse.
-¡Hija de puta!
Pero no sabía si se lo decía a Leslie, a Sarah, o a ella misma. Por inútil.
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¡Continuará!
Literatura (cruel) de viajes.
Desde Rosario (Argentina) a Madrid y ahora en Mieres. Lee el capítulo anterior:
¡O mejor lee desde el principio!
Domingo de resaca. Sunday Substack
“In the midst of winter, I found there was, within me, an invincible summer.”
Una historia urdida con el maníaco escritor Guillermo Fernández.
¡Un privilegio trabajar contigo!
We´re blessed!







Hola , ¡¡¡ Maldita Sea , Ya Quiero La Segunda Parte !!!. Un Saludo.
Cada vez quiero más a estas chicas. Y cada publicación tuya me ayuda a entenderlas mejor. El Trío Ternura. Las Tres Chifladas. Las Tres Boludas ¡Gracias, Yolanda!