Summertime madness
(Hecha mierda en Madrid, Mieres y en todas partes, pues arrastras la ciudad contigo)
Madrid. Agosto
Un mes más tarde, exactamente 38 días después de los últimos acontecimientos.
Rocío bajó del avión notando la bofetada de calor en la cara, las tetas, los muslos, sintió que se le reventaba el cuerpo entero. Se había empeñado en llevar la campera, bufandas y varios sweaters, y no quiso enfrentarse a la realidad y al cambio de estación.
Una vez en el apartamento de Sarah, se duchó dos veces, puso sábanas limpias en el salón, abrió todas las ventanas. Fumó, puteó. Arrastró su maleta al rincón del salón, donde se supone que iba a dormir, o a pasar insomne y nerviosa las próximas horas, con el fardo de Leslie ocupando todo el sofá, y se sentó en el suelo, pegando las nalgas en las baldosas para enfriar el cuerpo todo lo posible.
“Oh fuck, I´m burning myself!” decía Leslie.
No funcionaba el aire acondicionado. Sarah dijo que bajaran las persianas y que intentaran descansar un poco. Salió a comprar comida.
Rocío abrió su cuaderno y empezó a garabatear. Desde la noche del gato en Rosario, se había comprometido a registrar sus aventuras en su diario.
Madrid. Agosto.
Qué calor hace, la concha de la lora.
I hate Sarah. I don´t have any clothes to wear this summer in Hell.
I can´t be a community manager. I hate my job. I want to die.
Comieron en silencio, de mal humor. Leslie decidió pillar marihuana en el parque y se pasó el resto de la tarde en penumbra colocándose. Pensó que con las revistas, la televisión y un sofá donde poder arrebujarse superaría el jet lag y lo que se le viniera encima.
Rocío la observaba desde el otro extremo del salón.
El humor de Leslie se había agriado desde que pisaran suelo español. Sarah también había cambiado, estaba histérica dando voces desde lo de Román, desde que se separó de Gustavo. Odiaba sus cuerpos allí tumbados. Dijo que había que cambiar de dieta, que estaban comiendo mierda, que había que ponerse en forma. Frutas y verduras, ¿eh? ¡Y nada de alcohol, se acabó! Tenemos que organizarnos.
Sarah sorprendió a Leslie vomitando en el baño y le gritó cabreada, y no le falta razón, pero se pasó, casi la mata, la zarandeó por los hombros, pegó un puñetazo en la pared. “Tienes que bajar el ritmo. ¡Joder!”
“I can´t stand your behaviour! Honey, slow down! You have to stop drinking. You can´t go on like this!”
Y Leslie la miraba totalmente ida, sentada en el suelo, el pelo revuelto, desencajada.
“We just drank too much last night. That´s all.”
“You have to slow down!”
“I can´t seem to stop, Sarah.”
Y también:
“You bitch, leave me alone! You´re not my mom!”
Rocío odiaba los gritos. Le daba miedo la mirada de Leslie, y su prima. Estaba cabreada con ella, con Rocío, con las dos. Y la entendía, normal que las odiara, eran una carga, la estaban decepcionando. Rocío no comprendía su propia parálisis. ¿Por qué no podía decidir una dirección, hacer algo, cualquier cosa? Por ejemplo, abrir la puerta y salir a la calle, ir al súper y comprar comida, y cuando Sarah llegase a casa de la agencia, que encontrara la casa limpia, la ensalada preparada. No entendía por qué apenas podía mover los labios. Estaba petrificada.
Lo achacó al calor. La estaba matando. Era una tortura lenta, adrenalina pegajosa que la dejaba inmóvil, agotada, sin voluntad, puro miedo. Le daba miedo todo. Y lo escribía en su cuaderno. Echaba de menos a Ezequiel, echaba de menos su casa.
Era el calor, que las estaba volviendo locas. Sarah compró carne en el supermercado que había justo debajo de casa. Subió pan calentito que olía tan bien. Comieron croissants y Rocío se echó a llorar.
-Perdoname, Sarita.
-Honey I love you so much, mi Rochu…
Y añadió:
-No sos una nena. No pasa nada. ¡Anímate, mujer!
Y:
-Hang in there.
Porque:
-Everything is going to be alright.
Pero luego salía, y Rocío se quedaba a solas con Leslie y fumaban maría las dos. Iban al parque a pillar y regresaban, era lo único que hacían.
Leslie se encerró en sí misma. Dormía todo el día, empapada en sudor. Con las piernas y los brazos abiertos en ese sofá, la sábana cubriéndole la cara. Con las persianas bajadas, las cortinas echadas. A oscuras.
Rocío iba a la cocina, a la una de la tarde, se preparaba un café y se sentaba en el suelo, en bragas, con su cuaderno, y escribía sus aventuras al otro lado del charco. Se sentía muy desgraciada.
¿Qué coño te pasa?
Sarah tampoco estaba bien.
El sábado no trabajaba. Salieron de compras. Tomaron el metro y se plantaron en el centro. Quería vestirla, comprarle una blusa, un traje de chaqueta para la oficina, una blazer, y Rocío no quiso. Sarah dijo que eligiera lo que quisiera, pero tenia que llevar otra ropa que no fuera su camiseta de los Rolling Stones y la mierda que solía llevar. Ahora era una chica seria etc.
Su atuendo era duro porque quería ser una lesbiana dura. Se cortó el pelo ella misma. Se rapó medio cráneo, o casi, se trasquiló, con su blusa morada y su corbata y el pelo desigual, todo lo punk que podía ser. Si era lesbiana quería mostrar cierto aire de dureza. ¡Qué sé sho!
-¡Qué gilipollas eres cuando quieres!- Dijo Sarah.- No se qué coño te pasa. Pareces una cría poniendo pegas todo el puto día.
Leslie apenas se levantaba del sofá.
-You have to find some hobby.- dijo Sarah.
Compraron revistas. Sarah dijo que recortara lo que le gustara, que hiciera collages.
-I can’t seem to stop.
…

Una tarde llegó Sarah y comunicó que tenían que viajar a Gijón, para hacer unas fotos, una presentación, algo de unos vinos, un restaurante, qué sé sho, que se las llevaba con ella. Sus padres tenían una casita de veraneo en Mieres y podía dejarlas allí mientras ellos hacían lo que fuera que hiciesen en Gijón esos días. Podrían reunirse en Mieres, trabajar allí. Hacer fotos. Promocionar el mesón, las fotos, vídeos. Además había pensado un nuevo plan, Rocío no se iba a despegar del sobaco de Sarah, pasaría el día entero con el equipo y observaría todo lo que hacían, para aprender. Lo que fuera que hubiera que aprender.
Rocío escuchaba como a través de una bruma, notaba el vaho del asfalto evaporándose y subiendo por la fachada del apartamento minúsculo en Vallecas, haciendo vibrar la atmósfera y a ella misma.
-¡Nos vamos a Mieres!
Sarah partió el miércoles.
Leslie se encontraba indispuesta y tuvieron que tomar un bus al día siguiente. El humor de Leslie empeoró tanto a las cuatro horas de viaje que ni hablaba, fija la mirada en un punto perdido en el horizonte, en trance.
Sarah estaba decidida a desintoxicarla.
-¡Esto tiene que acabar, honey! Tienes que dejar las drogas ya. Puedes dormir todo lo que quieras en Asturias, no hace tanto calor aquí. Te sentirás mejor, I promise. Podrás pasear por el monte. ¡Te juro por Dios que te curarás!
Rocío echó de menos a Ezequiel y a su madre. Su padre muerto empezó a aparecérsele en sueños. Sintió miedo. De Leslie. De ella misma. De lo absurda que era su vida. Se sentía un pelele. Le daba miedo todo. Su futuro se había vuelto negro. ¿Qué era todo esto? ¿Por qué en Rosario todo parecía un juego? ¿Por qué todo era tan irreal acá?
El paisaje quemado de la meseta dio paso a prados verdes, el cielo se nubló y sintió un escalofrío. ¿Por qué le parecía el fin del mundo todo?
Leslie, en el asiento contiguo del autobús, le clavó la mirada más triste que recuerda haber visto nunca.
-What! What!- exclamó, nerviosa, Rocío.
-Nothing.- Y volvió a dormitar. Rubia hermosa, ojerosa. Enferma.
Historia original de Guillermo Fernández y Yolanda Mora.
¡Gracias por todo!
For we never give up!
¡Continuará!
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Un día en la vida de una novelista (lesbiana) frustrada
Cómo le jode a Rocío que hayan instalado el campamento base en casa de su madre. Claro, les hace milanesas, medialunas, les corta el pelo, les tiñe las puntas con mechas California. Las ceba. Y se quedan dormidas viendo la tele. Vagas. Rocío se sienta enfrente, dando vueltas al mechero metido en la campera, preparada para salir fuera a fumar en cuanto…







Hola , Buenos , Dibujos. Ya Estoy Deseando Leer El Próximo Capítulo. Un Saludo.
¡Interiores asfixiantes! Como una obra de teatro existencial o algo asi. Perdona, el calor también me afecta. Me ha gustado mucho el mood, la descripción de la angustia.